El despliegue de infraestructuras tecnológicas en el medio rural ha superado la fase de la simple conectividad básica para convertirse en un auténtico banco de pruebas y desarrollo. Para profundizar en esta realidad, la jornada Asteo Conecta, celebrada en Valladolid, acogió la mesa redonda:
El mundo rural como laboratorio de innovación en telecomunicaciones
Moderada por Manuel Garnelo, CTO de Asteo Red Neutra, el panel contó con la participación de Antonio Ibáñez Pascual, director general de Telecomunicaciones y Administración Digital de la Junta de Castilla y León, y Carlos Alberola, presidente de la Asociación de Ingenieros de Telecomunicación de Castilla y León (AITCyL) y director de la ETSI de Telecomunicación de la Universidad de Valladolid. A lo largo de la conversación, se abordaron los retos geográficos, las soluciones tecnológicas híbridas, los casos de uso reales y el futuro del talento en la región.
El reto geográfico: extender la red en un territorio vasto
Castilla y León presenta un desafío demográfico y territorial único en Europa, lo que condiciona directamente las políticas de conectividad. Para entender la magnitud del reto, Antonio Ibáñez contextualizó la situación con cifras: “Castilla y León tiene 94.000 kilómetros cuadrados aproximadamente. Es decir, es la comunidad autónoma más extensa de España, es más extensa que Portugal que Austria, que Hungría, que muchos de los países de la Unión Europea por circunscribirnos a nuestro continente. Y en ese territorio vivimos alrededor de 2,4 millones de habitantes. Es decir, si al final hacemos la cuenta da una densidad de 25 habitantes por kilómetro cuadrado, que es básicamente 1/4 de la media nacional.”
Ante esta enorme dispersión, llevar fibra óptica a cada rincón resulta complejo y costoso. Por ello, Carlos Alberola apostó por un modelo tecnológico que combine diferentes soluciones para garantizar que nadie se quede desconectado: “el despliegue de la fibra en sitios con muy poca población supone un coste gigantesco, aunque sea probablemente la mejor solución. Una de las cosas que se están haciendo muy bien son las redes mixtas […] yo diría que probablemente la mejor opción, sobre todo para situaciones de núcleos dispersos, etcétera. Es un sistema híbrido, un sistema que maneje la fibra hasta donde sea sensato y lo haga a partir de ahí, una cobertura, una cobertura fija de radio o incluso tirar del satélite ya en zonas normalmente dispersas.”
Casos de uso: de la teoría a la sensorización masiva
Más allá de la infraestructura, el verdadero valor reside en el uso de los datos. Desde la administración pública ya se están liderando proyectos transformadores. Antonio Ibáñez destacó el impacto de la sensorización en la gestión de los servicios públicos municipales a través del proyecto Territorio Rural Inteligente:
“Hay una plataforma común que alberga todos los datos de más de 4000 sensores que hay en contenedores de basura en más de 400 municipios, que después dentro de esa plataforma, cada uno de los responsables de la Diputación Provincial, el Ayuntamiento, la Dirección General de Patrimonio Natural, puedan gestionar los momentos de recogida.” El procesamiento de estos datos requiere tecnología eficiente, explicó.
El talento tecnológico se asienta en el territorio
Todo este ecosistema de innovación no sería posible sin los profesionales adecuados. El sector vive una etapa dorada de pleno empleo. Antonio Ibáñez subrayó la extrema necesidad de perfiles técnicos tanto en el sector privado como en lo público: “hay una gran demanda de profesionales ingenieros de telecomunicaciones, informáticos. Digamos que es un momento muy dulce para la profesión y a pesar de que se generan muchos profesionales TIC, hablando de Castilla y León, tanto telecos como informáticos, no son suficientes en la administración pública, pues igual que las empresas privadas, se ve la necesidad de contar con el talento TIC”.
Afortunadamente este talento ya no se ve obligado a emigrar masivamente como ocurría en décadas pasadas. Carlos Alberola reflexionó sobre cómo la descentralización tecnológica permite hoy desarrollar una carrera plena desde la propia comunidad:
“La respuesta es sí. Yo recuerdo la escuela aquí en Valladolid. Empezó en el año 90 y la primera promoción creo recordar que salió en el año 95. Claro, en ese momento, salvo los que se quedaron en la escuela y alguno que se quedó en la administración, la inmensa mayoría se fueron a Madrid. […] Ahora ya no es el caso. Quien quiere se puede ir a Madrid o a las grandes urbes, a Barcelona… o a cualquier parte del mundo, porque la formación, afortunadamente de estas ingenierías es completamente transversal. Pero, quien quiera se puede quedar y hay bastantes opciones aquí.”
La mesa concluyó constatando que la innovación tecnológica aplicada a industrias tradicionales —como la agricultura o el sector vitivinícola— sumada a un despliegue de infraestructuras inteligente, está convirtiendo al entorno rural en un espacio lleno de oportunidades reales para empresas y profesionales del sector tecnológico.

